Conciliación, cuando llega el temido día

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Parece que fue ayer cuando después de la espera, por fin tenías a tu bebé en brazos. Y la realidad es que casi fue ayer, porque 16 exiguas semanas de permiso de maternidad dan para poco, muy poco, cuando hablamos de crianza.

Celia nació en abril. Un parto rápido (era el segundo), un par de días en el hospital y de regreso al nido que con tanto cariño habíamos ido preparando. Pude iniciar la lactancia con menos dificultades que la primera vez y todo fue rodando hasta hace unos días, cuando tienes que empezar a prepararte para abandonar el nido y que el polluelo eche a volar. ¿Quéeee? ¿yaaaaa?

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Yo, que soy una afortunada por poder juntar el permiso maternal con las horas de lactancia acumulada y las vacaciones, enciendo el cronómetro de la cuenta atrás para no dejar cabos sueltos… pero los hay. Trabajo con un horario de tarde, lo que me permite tener toda una mañana para organizar la casa, cenas, compras, dedicar un rato al blog (en el mejor de los casos) mientras mi hija mayor está debidamente escolarizada en un horario totalmente contrario al mío. Del padre, ni hablamos, porque los jefes deben pensar que esto es cosa de “ellas”. Y ya tratar de mantener la lactancia materna mientras trabajo es de súper heroínas, en un puesto en el que apenas tengo tiempo para ir al baño…

Y es aquí cuando quiero hacer un inciso para hablar de “conciliación”, esa manida palabreja que los políticos utilizan como promesa electoral y arma arrojadiza. Al menos yo entiendo la conciliación como “un plan familiar de organización interna donde los niños no se encuentren desatendidos y puedan seguir percibiendo el afecto, la ayuda, el alimento y el cariño de sus progenitores y donde éstos puedan seguir disfrutando de una maternidad/paternidad plena”.

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Así que en esas ando, metiendo cucharadas de papilla para-que-se-acostumbre a un bebé plenamente adaptado a la lactancia materna y que debería ser exclusiva según la OMS hasta los 6 meses, y entonando a modo de mantras frases del estilo: “me vendrá bien relacionarme con los compañeros de trabajo”, “los niños son supervivientes natos”, “se adaptará y ya mamará cuando regrese” porque soy una chica llena de Good Mood.

Pero en realidad por dentro te haces cruces y te preguntas cómo se apañarán sin ti. Y ojito, que no es que desconfíe de abuelos y cuidadores, pero entendedme, los padres son insustituibles y conocen al dedillo sus manías a la hora de dormir y algunos truquillos que van más allá de echarles en la cuna, entretenerles y darles la comida.

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Por último, y aunque no sea una experta en conciliación (aunque sí lo tenga muy reciente), te doy una serie de consejos para tratar de salir airoso de este trance:

1) Previamente a la incorporación, siéntate con tu pareja o con todos los adultos que componen el núcleo familiar para intentar organizar la agenda día por día, viendo si hay posibilidad de ajustar o cambiar los horarios, cómo poder turnarse y ver qué momentos del día o qué días necesitáis de ayuda externa.

2) En caso de necesitarla, buscad entre todos los recursos posibles, no los más habituales (niñera, abuelos, guardería) son los que mejor se pueden adaptar a vuestra situación. Tal vez se pueda contratar a una vecina responsable que cuide de varios bebés de edades similares, recurrir a las “madres de día” tan poco conocidas en nuestro país o a algún centro lúdico donde apuntarle a talleres que cubran vuestras necesidades horarias.

3) Hazte con un buen kit de supervivencia donde llevar todos los enseres que el bebé necesitará durante tu ausencia, para que el cuidador lo tenga más fácil y a tu hijo no le resulte extraño todo.

4) En la medida de lo posible trata de ajustar los horarios del niño al tuyo según convenga. Nadie dijo que la fruta fuera imprescindible darla en la merienda…

5) Y cuando llegues a casa, disfruta de tu peque como no has podido hacerlo mientras trabajabas. Pocas cosas más urgentes se me ocurren. Recuerda que “los días son largos pero los años cortos” y que su primera infancia es un tiempo que ni la vuelta al curro debería enturbiar.

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Y tú que nos lees, ¿cómo te has apañado? ¿Fue tan traumático como lo esperabas o todo se dio sobre ruedas? Esperamos tu opinión, decisión, comentario y yo, en particular, tu consuelo. Buaaaa.

Autor: Sonia Delgado

Soy Sonia, médico, madre, esposa, soñadora, quiero ser todo lo que veo y muchas veces pierdo el tiempo intentándolo. Despistada, desconcentrada y dubitativa, ando muchas veces a trompicones. Soy perfeccionista y meticulosa, mis días amanecen llenos de ideas, y nunca tengo las horas que deseo. Nunca tuve vocación de madre, pero serlo me cambió la vida… Me gusta descubrir cosas nuevas, probar, bailar tango y dejarme llevar por los miles de pájaros que habitan mi cabeza. Convencida de que existe un lado creativo dentro de todos, me embarco en este proyecto para dar rienda suelta a esta inquietud. ¿Me acompañas?

Únete a la conversación 3 comentarios

  • Yo lloré cuando le dejé en la guarde, y eso que lo apañamos para que fuera poquísimas horas. Por no hablar de que para poder estar con él, me cambié el horario y estaba tan cansada que luego el tiempo que pasábamos juntos a veces se me hacía eterno. En nuestro caso padre y madre acabamos dejando el curro que teníamos, que nos limitaba un montón, y nos lo montamos por nuestra cuenta para poder “conciliar”. Vivimos a la carrera pero mucho más felices. ¡Mucho ánimo!

    • Al final conciliar siempre lleva implícito abandonar el trabajo, reducir jornada y sueldo, pedir permisos sin remuneración o excedencias… esto en el mejor de los casos, en el peor es la carta de despido.
      Es triste saber que yo ni aun con la mitad de la jornada (y del sueldo) no llego a recoger a la mayor al cole… y el cambio de turno solo llega cuando tus hijos son mayores y no lo necesitas… me ha costado mucho poner ‘good mood’ en este post, no creas…

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